Una noche en la ópera

1.posando en  la Plaza Mayor [640x480]

Hacía frío y queríamos llegar puntuales al ensayo, así que nos dirigimos resoplando y apresurados hacia el Palacio de Congresos. Avanzábamos como un rebaño histérico que apenas se detuvo para posar en alguna foto de recuerdo. Esa gélida noche del miércoles, nuestros alumnos de 4º iban a cantar en la ópera. La compañía Operissima presentaba en Salamanca Carmen de Bizet. Para la mayoría de ellos era el primer contacto con el género. No lo olvidarán.

3.Tiempo para merendar [640x480]

La espera fue larga y hubo tiempo para todo. Para desenvolver los bocadillos y merendar a media tarde. Para calentar la voz y disfrutar de la reverberante acústica del palacio. Para perdernos en el laberinto de pasillos y corredores sin salida que perforan el diseño simétrico del edificio -y pensar, por un momento, en esconderse en el ropero y dejar que pasen los días, ser luego encontrados por una compañía que llegara de lugares remotos y nos llevara sin preguntas con su plantel-.

6.Todos de blanco [640x480]

 

7.Escuchando la historia de Carmen [640x480]

 

8.El baúl de la compañia [640x480]

Los músicos y cantantes -que resultaron ser de Bulgaria-, proferían durante el ensayo frases para nosotros ininteligibles, rudas y lejanas. Admirábamos, como el que contempla un remoto jeroglífico, sus enormes baúles con palabras escritas en alfabeto cirílico. Agradecimos que, con su paciencia y oficio, nos dejaran ocupar el hueco del escenario que esa noche nos estaba reservado. Pero no fue su día. Las entradas tenían precios poco populares, era un miércoles por la noche y el público no llenó ni la mitad del aforo. Parecían tiempos de Bizet, cuando su Carmen a nadie resultaba relevante, y se regalaban billetes para llenar el teatro de la Opéra-Comique. Para colmo de males, la voz del tenor, inoportunamente aquejado de la garganta, se fue rasgando por momentos y no llegó en las mejores condiciones al final de la obra. Para entonces, nuestros chicos y chicas ya estaban sentados entre el público, dejándose llevar por el magma musical, repasando en sus cabezas cómo había salido todo. Al comienzo del primer acto, descalzos y ataviados como sevillanos del siglo XIX, habían cantado jugando a ser soldados, imitando el ritual del cambio de guardia. Salió a la perfección. Fue su estreno. Su primera noche de ópera. Hasta la próxima.

11.Y aparecemos en escena [640x480]