Concierto solidario en la Purísima

Desde el coro de la iglesia de la Purísima, podía verse cómo de una de las bocas abiertas en el crucero, emergía una serpiente de luces que sorteaba los bancos laterales y avanzaba por su única nave. El animal de luz era en realidad una comitiva de voces que entonaban una de las cantigas de Alfonso X el Sabio. De esta manera, las chicas de nuestro coro, descendían a ras de suelo tras dar comienzo al concierto minutos antes, desde lo alto, junto al viejo órgano, y se disponían a alcanzar las escaleras del altar, donde transcurriría el resto del recital.

En el coro, antes de empezar

Como bien saben los paseantes de Salamanca, el enclave en el que el conde de Monterrey decidió levantar su palacio y el convento para su hija, es uno de los puntos más fríos de la ciudad, ése en el que siempre hay que subirse el cuello del abrigo hasta taparse las orejas. El pasado sábado novembrino no fue una excepción, y a pesar de que el invierno este año se mueve perezosamente, el frío hizo acto de presencia a la hora en que el concierto debía de empezar. Pero allí estaba la música, y las voces y un proyecto con el que colaborar, para templar los cuerpos y emocionar como siempre lo hacen las chicas de nuestro WIC. En eso coincidimos todos.

Entre bastidores…
Últimas instrucciones

Cantos del África subsahariana, de Marruecos, cantos judíos y cristianos, obras de compositores fineses, británicos y españoles, siempre variado el repertorio, siempre vertebrado por un poético sentido narrativo, virtud que hay que reconocer a nuestra profesora Mariángeles Pérez Lancho, directora del coro, que ha sabido poner en pie una de las formaciones musicales de la que más orgullosos no sentimos en los más de 30 años de funcionamiento de la escuela. Esta vez fueron velas, otra veces fueron pañuelos de colores que se metamorfoseaban a cada pieza, siempre hay pequeñas sorpresas y vivos símbolos que ayudan a contar lo que se quiere contar. Con sencillez y tino. Lo demás está en la música.
En esta ocasión nos acompañaron Carlos Martín, a la percusión y Juan F. Vicente al piano, coloreando los cantos; y una multitud de oyentes, que ayudaron a que todo tuviera aún más sentido. Había una buena causa detrás. La recaudación iría a parar al Taller de solidaridad, que trabaja en un proyecto con las mujeres de la selva colombiana. Mejor que mejor. Os agradecemos a todos vuestro apoyo, y os esperamos en la próxima. ¡Gracias!