La imaginación del silencio

El silencio ha saciado su proverbial hambre este verano, sierpe con sueños de dragón deslizándose entre los pupitres y las aulas vacías, imaginando cómo sonarían en un futuro que el propio silencio inventa, y que se nutre del recuerdo que aún dura en lo profundo de la madera, en lo cóncavo de los metales. Las campanas y los xilófonos, los pianos y los panderos, quietísimos como si jugaran al escondite inglés, han aguantado la respiración durante tres largos meses y se encaminan ya hacia una profunda expiración de alivio. 

Mañana, segundo viernes del mes de septiembre, vuelve la actividad a las aulas. Los primeros alumnos saldrán, como el silencio, del blando letargo estival y se incorporarán al reino de los sonidos, serán sus actores principales y, empuñando un mazo o un arco, pulsando una cuerda o una llave, jugarán a ese entrevero infinito, que es el del silencio con el mundo resonante. 

Juntos, les acompañaremos en esa danza, y así blandiremos ese inspirado tejido que es la música, en los días y las noches de un nuevo curso, conviviendo con una amenaza invisible que nos ha hecho más fuertes, y que nada derrota. Nuestro amor por la materia del silencio y el espesor del sonido, girando en una enredadera sin fin, nos hace sumar y seguir, otro año más. Mañana nos vemos, mañana escuchamos, entonces.